enero 31, 2009

Hasta el fin de los tiempos

Tomá un instante. Sacale una foto. Ganale al tiempo e inmortalizá el momento. Congelá tus sentimiento, tus emociones, todo lo que sentís. Congelate vos y congelá a esa persona. Sean en ese instante eternos.
Vuelen por las alas del viento cómo si el reloj no los afectara [y de hecho, no lo hace, son eternos] y atraviesen el mundo riendo, llorando... sintiendo la alegría y la tristeza que en este mundo abunda. Y cuando el mundo se les acabe, entonces podrán volver. Para contarse mutuamente lo que vieron juntos, para decirse lo que sintieron durante el viaje.
Entonces van a estar listos para dejar ese instante atrás, porque ahora son eternos, no sólo en ese momento, sino para siempre, mientras las agujas avanzan. Ahora la eternidad es suya. Pero ustedes no lo van a saber.
Después de todo, sólo pasó un instante.