septiembre 10, 2011

Recuento

Había un escritorio antiguo. Había una biblioteca que cubría casi la totalidad de las paredes. Había una taza de té inglés, una silla cómoda, dos sillones de un cuerpo. Un globo terráqueo. Las obras de César, de Shakespeare y de Borges. Una estilográfica con historia.
Había un hombre sentado al escritorio. Había una mujer en uno de los sillones. Una pregunta que preguntaba en los labios de él; una respuesta que no respondía en los de ella.
Había silencio.
Había quietud.
No había ruidos de jardín.
No había, en suma, felicidad

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