octubre 20, 2011

Botella barco mundo.

Tantos años pasarían entre el mar de la botella -el Mar del Mensaje- y la costa siguiente.
El barco, nadie lo ignoraba, boyaba sin rumbo alguno. A la tripulación parecía no preocuparle.
Gaviotas (no de acero, esas no vuelan y además son feas) remontan vuelo bajo la lluvia inconstante. Los idiomas (¡las ideas! ¿Tendrían una misma raíz etimológica? Tenía que averiguarlo) se mezclaban de nuevo en Babel.

El arte era la única forma de vida posible (¿Acaso hay vida sin arte? Arte sin vida, seguramente, sí). Tinta mezclada como medio.

El aplazar era la respuesta.
Procrastinación y desidia deberían de ser las palabras del escudo (¿cómo serían en latín? Tenía que averiguarlo). No, nunca más aplazar. Ya no. Había que tomar las riendas.
¿Por qué no dejarlo en castellano? ¿Por qué no tomar mate? ¿Por qué tantas otras cosas? ¿Por ser argentino? No sé que es ser argentino, y mucho me temo que poco me importa. Soy del mundo y me fue dado el castigo de ser consciente de que no puedo abarcar todo, conocerlo todo, saberlo todo, y a la vez las ansias de hacerlo-

2 comentarios:

Tindomerel dijo...

Perdón el comentario, pero odio esa sensación. Cuando pienso en el mundo, en las culturas, en lo mucho que me gustaría conocerlo, y no sólo esos puntos turísticos (o sea, vamos, sí que me encantaría conocer París, Venecia, el Coliseo, Disney y las Pirámides), si no que sueño con cada rincón, cada pueblito, cada paisaje perdido. Quiero vivir un año (mínimo) en cada ciudad para recorrerla a fondo y conocer esos lugares que se le pasan desapercibidos al turista con cámara de fotos que sólo abarcan la torre eiffel y las ruinas de qwiuryoiesufhdsjhfjsbh.
Siento que quiero vivir la vida de cada persona, y saber qué piensan, saber cómo es trabajar de lo que trabajan, adquirir sus conocimientos en cualquier materia.
Quiero saberlo todo de la naturaleza, quiero conocer cada ciencia que la humanidad ha inventado y descubierto. Quiero saber de antropología, de historia y de geografía. Quiero viajar al pasado y conocer la Belle Epoque, la Revolución Francesa, el Cristianismo, los Mayas, las catacumbas, los dinosaurios. Conocer a Mozart, a Beethoven, a San Martín, a Luther King, a Cortázar, a Cervantes, a Agatha Christie, a Pablo, Picasso, a Hemingway, a Armstrong, a mi mamá y a mis tíos cuando eran chicos, a mi abuela cuando era chica...! bueno, a taaaannnntos! Y es como que acá te estoy tirando todo así nomás, pero cuando pienso en todo esto. En cada lugar que quiero conocer, en cada cosa quiero SABER, en cada época en la que me gustaría vivir, en cada persona que quiero conocer, algo adentro mío es como que aletea, y se despierta y grita y grita y se devive por salir de adentro mío y hacer todo esto y más.
Resumiendo, yo digo. ¿Por qué tuve que recibir esto? ¿Por qué este deseo de abarcar cada centímetro de la Tierra y en cada segundo que lleva de vida y al mismo tiempo el copnocimiento de que no puedo hacerlo? Más que un castigo, es una MALDICIÓN.
El soñar too much. El despertar con sabor a nada y hojas secas en la mano. El llorar por cosas que no fueron perdidas, ya que nunca fueron recibidas..
Xime.

Pisandro dijo...

Qué bueno no ser el único, Xime. Qué bueno saber que no sólo a mí a veces se me revuelve algo adentro, ansioso por salir y abarcar el mundo :)
Qué bueno.

("Mal de muchos, consuelo de tontos" dicen por ahí, pero hace bien saber que otros pasan por lo mismo)