diciembre 07, 2011

Ascensor madrugada asado.

Me habré quedado fácil diez minutos en el ascensor, mirándome al espejo. No observándome, es decir, desplazando la mirada. Mirándome. Fijo, a los ojos. A lo sumo me habré mirado la cara en dos o tres ocasiones. No por mucho porque no me gusta mi cara.
Me miraba fijamente y no sé, esperaba que me cambie la cara de boludo o que mis rasgos se (me) hicieran soportables. También esperaba que mi vida cambiara (en varios aspectos) pero nada pasó. Sólo el tiempo.
El cuerpo no me lo miré, aunque últimamente me vengo llevando bastante bien con él. No sé si diría que estoy "flaco", pero en comparación sí, estoy menos "pesado" que antes. Ojo, esto no quiere decir que no piense que muchas veces me ven como un gordo pelotudo.
Me miré, decía, y trababa (como hice tantas otras veces) de ver algo en mí que pudiera resultarle lindo o atractivo (físicamente hablando, siempre) a otra persona. A otro hombre. Está de más aclarar que el resultado fue el mismo de siempre, así como está de más aclarar cuál es el resultado de siempre. Si el resultado fuera otro, no me preguntaría tanto.
Pasó el tiempo y salí del ascensor. El resto pasó muy rápido. Entré a casa, hice pis, me cambié, me lavé los dientes y me fui a dormir.
O a intentarlo.

1 comentario:

Personalidad Fronteriza dijo...

Cuando eran las 11:11.

Te amo.