abril 26, 2012

El visitador judío

No recuerdo haberlo visto entrar al aula. Sólo sé que entró. En el colegio sólo quedábamos los de taller de Derechos Humanos.
Creo que se llamaba Jehuda (no estoy seguro de que se escriba así) y venía de Buenos Aires a hablarnos del Holocausto (la Shoá, si hablamos con propiedad).
Tenía la mirada tranquila, pero a la vez intimidante. Cuando hablaba, iba desplazando sus ojos azules (¿o eran verdes?) entre nosotros, por lo que no parecía que nos hablaba a todos sino a cada uno por separado. Tenía una voz suave y también profunda y sonora. Había una palabra, no sé si por alguna razón cabalística o por un reflejo condicionado, que parecía que cada vez que la pronunciaba debía tocarse el anillo grande de plata que lleva en el dedo anular de la mano izquierda. Por más que me esfuerce no puedo recordar esa palabra. Tampoco puedo recordar qué fue lo que nos dijo, más allá de que habló de Holocausto.
Juan -uno de los profesores que dictaba el taller- le hizo una pregunta sobre el hermetismo de la comunidad judía. Jehuda evadió muy inteligentemente la pregunta. No recuerdo cómo, pero sé que pasó.
Llegados a este punto, todos notarán que sólo recuerdo lo que pasó y no de qué forma, que no qué se dijo pero sí de qué se habló. Mi recuerdo se limita a una sensación. A un "me parece que pasó esto pero no estoy seguro cómo".
No sólo evadió la pregunta, sino que también la utilizó en favor del tema del que estaba hablando. Juan después de que se fuera nos iba a hacer notar esto. Pero todos estábamos muy sorprendidos. No podíamos más que repetirnos una y otra vez lo que nos había pasado.
Nadie podía dejar de pensar que Jehuda le había hablado sólo a él.
Me es imposible explicar en palabras la impresión que me generó ese hombre.
No recuerdo haberlo visto salir del aula. Sólo sé que salió. En el colegio sólo quedábamos los del taller de Derechos Humanos.

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