mayo 07, 2012

1ª Coherencia (parte 1 de 4)

Ese cielo que desconozco me obsesiona. La gente sin sentido camina. Camina sin sentido.
No llueve, pero pareciera que sí.
-¿Me vas a amar por siempre?
-No.
-Porque todo se termina...
-Aunque no queramos.
Invariablemente la mujer ante el proyector seguía hablando. A nadie le importaba lo que ella decía. Bueno, a mí no me importaba lo que decía. Y a él tampoco.
Nos importaban más otras cosas. El mañana, nunca el hoy. El futuro y sus posibilidades. Qué estaría haciendo en primavera la paloma que arrullaba afuera en la noche, por ejemplo.
La mujer sigue hablando. Bastante gente -más de la que pensábamos- le presta atención ahora. Cada tanto la miro y escucho algo de lo que dice o por lo menos eso pretendo. Las paredes se cierran sobre mí y el techo se queda quieta. Bebidas sobre la mesa y también comida. Sandwiches, papitas, medialunas saladas y media docena de muffins con crema y chocolate o frutillas.
No había tarjetas de colores. No hay más luz.
Pero la mujer sigue hablando. Todos ahora están no escuchándola. Traté de aplastar un mosquito con la mano pero no pude. No apliqué fuerza. Quizá lo hice porque no quería matarlo realmente, sino animarlo a que se vaya.
-No estoy.
-Ya me di cuenta.
-¿Cómo?
-No me contestás, apenas me hablás. No me mirás.
-No, no lo hago.
-Tal vez estás muerto.
-Tal vez.
-Chau, me voy a caminar.

Y caminé. Caminé por las calles que conozco con la sensación de que estaba repitiendo paso que iba a repetir por el resto de mi vida.
Soy un espíritu centenario que recorre esta ciudad, riéndome cada tanto de mis contemporáneos. Me río de sus miedos, acaso para olvidar los míos.
Mi pupila refleja las luces de afuera. Alguien que mirara en ellas vería los edificios bañados por el sol con el fondo de un cielo azul ensuciado por cenizas.

Y en mi cabeza no cesa de escucharse la música de una canción de una película de mafiosos.

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