mayo 21, 2012

1ª Coherencia (parte 3 de 4)

- La puta que te parió.
- ¿Qué te pasa?
- Estoy enojado con vos.
(¡No, no, no, no y mil veces no! No estoy enojado pero me duele quererte y que seas así conmigo).
- ¿Por qué?
- Que no te des cuenta es lo peor. Y eso me enoja más.
(¿Desde cuándo hablo así? No soy el que te dice esto. Te quiero. Te quiero y quiero que me abraces. Sabés que te perdono fácil).
- No sé que decirte.
- Entonces no digas nada.
(Decime que me querés y se acabó todo. Dame un poco de tranquilidad, un poco de seguridad).
Silencio incómodo. Clima tenso. Él está molesto y yo al borde de las lágrimas, aunque me esfuerce en ocultarlo. Se va a la cocina. Lo miro mientras se va. Él no me mira. No sabe que hacer. Lo miro desde el sillón. Se sirve un vaso de agua y lo toma. Se lleva las manos a la cara. Suspira. Se sacude. Creo que no sabe que desde el living lo puedo ver. O quizás si sabe y hace todo esto a propósito, para hacerme sentir culpable. Sea o no sea esa su intención, lo logra.
- Me voy a trabajar.
- Bueno, pero...
Y me quedo con la frase en la boca. Ya salió. No voy a mentir y decir que me acosté violentamente en el sillón a llorar. No, no hice eso. Me quedé quieto, sentado, mirando un punto fijo. Diez o quince minutos.
Ahora es tarde. Yo me fui y volví de mi trabajo. Está anocheciendo. Sé que en unas horas sale del trabajo. Espero que venga. ¿Qué digo? Sé que va a venir.

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