junio 11, 2012

Díscolo.

Cierro los ojos y veo un pájaro -un gorrión tal vez, no sé- que en cámara lenta mueve las alas. El corazón me late un poco rápido, quizás por el café. Me siento agitado. Tengo sueño y estoy cansado.
- ¿Te pasa algo?- Me pregunta.
- No - suelo contestar.
[Y mientras escribía esto, él me escribió en el cuadernito que soy genial, ¿no es un gran amigo?]
Sigo cansado. Me apago de a poco.
Y me vuelvo a despertar.
Tengo pocos momentos de lucidez.
Si pudiera acordarme de mis sueños, seguro que vería a varios de mis monstruos, nadando en esa materia pantanosa que da forma y sentido a las pesadillas.
Más importante que lo que escribo es lo que tacho, lo que no muestro de lo que escribí, lo que pienso que no corresponde, lo que no me gusta, lo que me da vergüenza.
Muchas veces siento estar caminando por una playa eterna, por un gran infinito.
Sé lo que me falta. Necesito algo que me conmueva, algo que me movilice. Algo que le dé un sentido a lo que pasa.

Desmotivación. Qué palabra de mierda. Qué sentimiento de mierda.
Tengo miedo de ser una cáscara vacía. Una biblioteca de lomos sin libros.

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