junio 09, 2012

Ruinas. Esquina.

La esquina que es esquina dos veces. Las ramas que son tronco de los árboles. La foto en madera y la luz dentro del casco. El silencio en un asiento y el ruido de compañía.
Ruedas que giran inconexas en un mar de fondo.
Los caracoles nos inundan. Las babosas acechan. Es de noche y tengo sueño. Tus ojos se cierran y las caras no son las mismas caras que ves en las horas de vigilia. Y el espacio no es el mismo que ves en las horas de vigilia. Las ruinas del viejo mundo se caen. Una catedral derruida. Gente cubierta de polvo, con humo adherido a su ropa y a su pelo.
El color gris.
Un pañuelo bordó.
Una lágrima en un rostro reseco.
Seguir.
Volver (¿a las fábricas? ¿al camino?).
Reconstruir. Levantar los edificios desde los cimientos. Un tanque (de guerra, se entiende) arde en la esquina y hay chicos que juegan con las armas abandonadas (y esperemos que descargadas) por el invasor.
Parpadeás. El mundo vuelve a ser lo que es durante la vigilia.

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