julio 09, 2012

Santiago

La lluvia y los mosquitos chocan contra el parabrisas. Hace unos días que me acuerdo de alguien a quien conocí cuando tenía siete años.
Se llamaba Santiago y era dos años más grande que yo.
No sé por qué habló de él en pasado, como si se hubiera muerto.
Fue, fuera del ámbito familiar claro está, el primer hombre con el que establecí una "relación sentimental".
No me acuerdo cuándo lo conocí. Imagino que habrá sido en algún recreo. Sólo sé que de un día para el otro empecé a pasar todos los recreos jugado con él. Hasta vino a mi cumpleaños. Me regaló un muñeco de un villano de Batman o Superman, no me acuerdo.
De chico yo era bastante más gordo que ahora. Ahora no estoy gordo. O sí. No sé, y tampoco tengo ganas de hablar de eso. El caso es que me acuerdo que una vez, cuando salí al recreo, él me recibió con un abrazo diciéndome "¡Ahí estás, gordito de mis sueños!" y después intentó una disculpa, porque al parecer quedaba mal que dijera eso. Yo en ese momento no entendí qué de raro tenía que dijera eso. Hoy tampoco lo entiendo y me parece (me sigue pareciendo, como en ese entonces) algo muy tierno. Algo lindo para decir.
Teníamos una muy linda amistad, porque eso era. No era otra cosa. No por lo menos en ese momento. Que visto desde hoy se pueda interpretar otra cosa, es un asunto diferente. Que quizás fuera otra cosa, también. Lo único que puedo decir al respecto es que ninguno se salió de los límites de la amistad, acaso porque ninguno de los dos sabía dónde carajo estaba parado en la vida o por lo menos se lo tomaba con una inocencia particular. Me acuerdo de haber jugado por esa época, o antes, a "los maridos" con un vecino. Me causa mucha gracia ahora que me acuerdo.
Pero el tema es lo importante que fue Santiago en esa época de mi vida, en ese primer año de escuela.
Tengo el recuerdo de haber conocido a su hermano menor y a su mamá.
Tengo el recuerdo de que así como entró en mi vida se fue de la escuela al terminar el año.

Está por amanecer.
No recuerdo que nos hayamos despedido o siquiera vuelto a ver y tampoco podría buscarlo si quisiera.
Porque sólo sé que se llamaba Santiago. No sé su apellido. Pasa que cuando sos chico esas cosas no importan.

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