noviembre 18, 2012

Festival - Día 1

Y comenzó el Festival.
No es a la noche, sino a la tarde siguiente, pero he aquí que les cuento el sábado.

"El sueño americano es terminar
con mucho más de lo que 
empeazaste. Llegar a donde 
nadie más llegó."
Comenzó mi festival con The Queen of Versailles (Estados Unidos - 2012) una por lo menos irritante película que forma parte de la sección Panorama Documental. Muestra (cuenta, exhibe) la historia de David y Jackie Speigel, millonario exitoso del mundo inmobiliario y esposa trofeo, respectivamente. La película era irritante (o por lo menos así me resultó a mí) por el grado de inutilidad y enajenación que demostraba esa gente. El vivir con la vida solucionada les había embotado (no se me ocurre mejor palabra) el cerebro. Estaban, como quien dice, pelotudos.
Pero como todo tiene un final, la crisis financiera demostró que el abuso de la especulación y el crédito barato se pagan más tarde. Prestamistas ansiosos de pagos, bancos furiosos, embargos, ejecuciones judiciales, despidos masivos pasan a ser parte del día a día de la vida de David, quien no puede hacerle ver a su familia que la vida a la que estaban acostumbrados estaba por acabarse.
Jackie, un uno de los momentos clave de la película, dice "Les tuve que decir [a sus hijos] que se preparen para ir a la Universidad, que vayan pensando qué quieren ser. Porque quizás no quede dinero para ellos".
La película logra, sin embargo, que por momentos uno deje de lado el sentimiento de rechazo que genera el estilo de vida que lleva la familia (como si el consumo desmedido y compulsivo no alcanzara, también hay entrevistas al personal doméstico de la casa, en su mayoría mujeres filipinas que dejaron su hogar para "hacer la américa") y se compadezca, aunque sea un poco, de su debacle. Pero esta empatía se desvanece cuando uno recuerda que lo que perdió esta familia es una casa de 8.300 metros cuadrados y que su debacle es ir a vivir a una casa de 4 dormitorios y un solo baño.
Es una película con postales de una vida que, por lo menos en lo personal, resulta extraña e indeseable. La niñera preguntándole a la dueña de casa si puede vivir en la casa de las muñecas, el desorden y suciedad que invade la casa cuando despiden a casi todo el personal doméstico, la muerte de más de una mascota por descuidar su alimentación (literalmente, se olvidan de darles de comer), las proyecciones de una casa que es definida como "el Versalles americano".
En definitiva, una película recomendable.

Café de por medio (había desayunado hacía poco tiempo), fuimos a buscar la credencial, que no había estado a la mañana. Esta vez sí estaba, por lo que puse salir a caretearla como el más pistola. Es una forma también de reconocerse entre los acreditados. Todos tienen el plastiquito ese.
Es increíble la cantidad de gente que uno descubre en el festival. Obviamente, están los conocidos de siempre. Esa gente que sabés que va a estar, esa gente que sólo aparece para el Festival y también los curiosos que se acercan y ven una película, para probar.
Obviamente, las charlas en las filas, con todo tipo de personas, girando siempre en torno a qué película ver o quejarse de alguien que está en la boletería pidiendo muchas entradas y para colmo de una manera poco práctica. También está el milagro (que en lo que va de esta edición no experimenté) de la persona que sabe que no va a poder ir a ver una película y regala la entrada.

Llega la tarde y con ella The man in the white suit (Reino Unido - 1951), de los Estudios Ealing, que este año cuenta con una categoría propia dentro de la sección Revisiones. Con Alec Guinness en el papel protagónico (más conocido para nosotros en su rol de Obi Wan Kenobi en el Episodio IV de Star Wars), esta película es una comedia negra que muestra, sin vueltas, al capitalismo en su aspecto más salvaje.
El argumento gira en torno a Sid Stratton, un químico que desarrolló una fibra indestructible, capaz de crear una tela que no se ensucia y tampoco se desgasta. Una vez hecho el descubrimiento, surge el dilema. Tanto obreros como empresarios comprenden que la comercialización de esta tela supondría la ruina próxima de la industria textil. Unidos, fuerza de trabajo y capital, buscan mantener oculto el invento. Stratton, idealista, se mantiene firme en hacerlo público, para acercarle los adelantos de la ciencia a la sociedad.

Media hora después de finalizada la película, estaba entrando en la misma sala para ver Ánima Buenos Aires (Argentina - 2012), primera película de animación que veo en el Festival, también de la sección Revisiones, un homenaje a Caloi. Son cuatro cortos que muestran, cada uno con una técnica y enfoque distintos, Buenos Aires.
Meado por los perros. Los rebusques de un carnicero de barrio que se tiene que enfrentar a una cadena internacional de supermercados, supuesta lucha entre progreso y atraso, con el fondo de la eterna discusión sobre si los argentinos nos abrimos al mundo o no. Los que hayan jugado al Samorost o al Machinarium, van a encontrar algunas similitudes en el diseño de este corto.
Claustrópolis. El más colorido de los cuatro, cuenta el enamoramiento de dos adolescentes que, con un par de aerosoles de pintura, tratan de sacar a la ciudad de la rutina gris.
Bu Bu. Crónica negra. El hampa desde la formación en el terrenito baldio hasta los casinos, de hacerle una mala pasada a la vieja de la esquina y ensuciarle la ropa a la lavandera mientras lava al robo, violación y homicidio.
Mi Buenos Aires Herida. Cierra el programa un corto del mismo Caloi, en el que se muestra el proceso que llevó al monolito que puso Pedro de Mendoza a la mole de asfalto que es hoy y también la reacción de un dueño de un bar cuando todos sus clientes se empiezan a entusiasmar con la misma mujer, que resulta ser su esposa.

Salí antes de lo que esperaba salir, por lo que tenía tiempo justo de sacar las entradas e ir a ver La noche del chihuahua con unos compañeros de la facultad, pero cuando llegué a la boletería, estaban agotadas. La primera vez, creo, que me pasa.
Rescato de haber hecho la fila para sacar la entrada la siguiente secuencia.
Pasa una pareja, de alrededor de 40 años. El hombre se queda mirando la fila y la boletería. La mujer le dice "No, viejo, no están dando películas, es el Festival de Cine".
Terrible.
Pero bueno, eran las nueve y media y tenía tiempo hasta las once para que empezara la última película que iba a ver. A cenar, me dije. El problema es que me gasté casi toda la plata que tengo. Encima no me pagaron los fines de semana que estuve de mozo (aunque ese es otro tema), por lo que corre peligro cualquier proyección a la que quiera asistir más allá de las dos por día que me garantiza la acreditación. Veremos qué pasa.
Cuestión que con 17 pesos me hice una cena de reyes. Un súper sacramento que compré por ahí, una Coca Cola de litro y medio en los chinos y a la Plaza Colón. Listo.


Última, pero no por eso menos importante, le llega el turno a My awkward sexual adventure (Canadá - 2012). Qué decir. Fue la primera decepción del Festival. No la pasé mal, me divertí y todo. Simplemente no era lo que esperaba. Ya sé que uno no tiene que confiar en lo que dicen el catálogo y la grilla. ¡Pero decía Yoda Sexual! En fin, la película promete "entrenamiento sexual" y no tiene más que un par de clichés, si bien efectivos, distan de cumplir las expectativas que genera. Si a eso le sumamos una sala casi llena de energúmenos que se ríen como boludos cada vez que dicen "teta" o "pija", tenemos el panorama de no la película ideal.
La película trata sobre un contador con problemas de desempeño sexual y de una "bailarina de cabaret" con problemas financieros. Se encuentran y se ayudan mutuamente. Él va encontrando el camino hacia una sexualidad más segura y ella hacia una economía más firme.
El desarollo de la película es el esperado, sin sorpresas.

Ese fue, palabras más, palabras menos, mi primer día del Festival.
Prometo que el segundo no se va a demorar tanto.

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