noviembre 20, 2012

Festival - días 2 y 3

Tarde, pero seguro, he aquí las crónicas del segundo y tercer día del Festival.

Día 2. Domingo

Tengo que empezar acostumbrarme a levantarme temprano para ir a retirar las entradas, ahora que por fin me decidí a acreditarme. Me levanté a las ocho, salí a las nueve y cuarto, llegué al Auditorium a eso de las diez menos veinte y otro tanto para conseguir las entradas. Una vez conseguidas las mismas, volví a casa para dormir. La primera película empezaba a las dos,  así que tenía tiempo de sobra para comer e incluso dormir una o dos horas. Pero no, me puse a boludear, comí y dormí menos de media hora.

Casi llego tarde a la proyección de Faraón (Polonia – 1966), una superproducción –nunca mejor utilizada la palabra- sobre el reinado de Ramsés XIII. La sinopsis avisa que va a haber “decenas de miles”  de extras provistos por el ejército soviético, pero uno no logra hacerse una idea concreta hasta que ve filas y filas de hombres personificados como soldados del ejército del faraón, que se pierden en el horizonte del desierto. Porque sí, filmaron la película en Egipto. Tres años, nos informa el catálogo, estuvieron ahí rodando la película.

Las intrigas políticas que rodearon al breve reinado de Ramsés XIII son el escenario donde se sitúa esta película. Con irrupciones de cantos que hacen acordar a las misas de la Iglesia Ortodoxa rusa y ese erotismo propio del género, el film logra reproducir parte del misticismo que rodeaba las costumbres y religión del Antiguo Egipto. Hasta se las ingenian para meter un eclipse en el medio de la película.
Obviamente, los polacos no se andaban con chiquitas.

Salí del cine, fui a lo de Gastón y ahí seguí escribiendo la entrada del día 1. No la terminé. Merendamos té, mate y galletitas. La lluvia, que había empezado a caer para cuando salí de Faraón, fue tormenta y luego descendió a chaparrón, para quedar intermitente sobre la ciudad. Nos distrajimos, aunque, en honor a la verdad, debería decir que me retrasé la partida porque me quedé escribiendo.

Otra vez sobre la hora –la secuencia que se repitió todo el día- llegamos a El invitado de piedra (México - 2012). En esta oportunidad, la sala estaba bastante concurrida, así que el mejor lugar que conseguimos fue en la tercera fila, a la izquierda. Sentados no como corresponde, sino más bien acostados, nos dispusimos a ver esta comedia absurda. 
Mario Paz es un funcionario que vive una vida gris y monótona. Entre formularios, tecnicismos y la televisión, dejó de ser una persona para pasar a ser un engranaje de la burocracia. Hasta que se aparece un hombre en la puerta de su casa. Un hombre que no habla, que sólo lo sigue con la mirada y no mueve ni un músculo del cuerpo.
Coco -así es nombrado este gólem moderno- irá acompañando silenciosamente a Mario en una aventura de rebeldía y redescubrimiento personal, en la que se enfrenta al sistema pero también a si mismo, a las cadenas que lo atan pero que él acepta.
Los primeros diez o quince minutos de la película le hacen pensar a uno que los mexicanos se quedaron en el humor de Roberto Gómez Bolaños y nunca salieron de ahí. El resto de la película es una prueba de lo contrario. Relato tierno de la búsqueda de la libertad y realización personal, El invitado de piedra, logra despertar el espíritu alegre que vive dentro de todos y que cada tanto se pregunta ¿Por qué tengo que llenar uno tras otro cientos y cientos de formularios con mi nombre, dirección y documento?  ¿Por qué todos los días a la oficina? ¿Si uno se tiene que ganar la vida, por qué al mismo tiempo la pierde en un trabajo que no entiende y que tampoco lo entiende a uno?
El film es un canto a la independencia mental (espiritual, si se quiere) que nos invita a encontrarnos con nosotros mismos y a tratar de no perdernos en la máquina de hacer chorizos que puede llegar a ser el mundo.

Nuevamente con el tiempo casi justo, el terror saltó de la pantalla directamente a las butacas. Ése es el disparador de Demonios (Italia - 1985), en la que en un cine se empieza a cumplir, en simultáneo con lo proyectado, una extraña profecía de Nostradamus en la que los demonios invadirán el planeta y "harán de nuestras ciudades cementerios".
Golpes, desmembramientos, transformaciones en cámara, parejas asesinadas en plena intimidad, baba verde y hasta un demonio que sale de la espalda de una señorita son los condimentos esenciales de esta película, que resiste a los embates del tiempo y se posiciona como uno de los clásicos del género. Largometraje bizarro, con exageraciones deliberadas o que por lo menos así lo parecen al espectador actual, tiene el atractivo de la interacción, de hacernos tener un poquito de miedo de que eso pase de verdad. 
En lo personal, cuando a una chica que estaba al lado mío la asustó a una conocida que estaba en la fila de atrás, se me subió el corazón hasta la garganta.



Día 3. Lunes

El lunes empezó con una llegada tarde, que hizo que no pudiera encontrarme con Aylen, a For love's sake (Japón - 2012). La sinopsis, que leí en el colectivo yendo a la sala, no alcanzó a prepararme para lo que iba a ver. Patidifuso (como le gusta decir a Ay) es poco.
No existe forma posible de preparar a alguien para esta película. Te pueden decir que hay canciones, gángsters, peleas, una chica y su familia burguesa, acción, la mar en coche y mi abuela (en paz descanse) pateando calefones, pero simplemente no es suficiente. Ya en los primeros minutos la canción y la "coreografía de pelea" descolocan.
Fue un poco difícil ver la película porque en un momento se salteó una parte y luego volvió al momento anterior (pasando otra vez la parte que había adelantado), en un bucle fílmico que no creo que todos hayan logrado captar. Si a eso le sumamos que en medio de ese desajuste el subtitulado electrónico se apagó (dejando sólo el subtítulo original en francés, además del audio en japonés) por lo cual los silbidos y aplausos en protesta no se hicieron esperar. Yo algo del francés entendía, pero aún así, no fue una buena experiencia. Por suerte todo se solucionó cuando la película retomó su línea temporal correcta.
En definitiva, una película que no sé si recomendaría, más por temor a que no les guste que porque no me haya gustado a mí. 

La historia que se repite todos los festivales. La grilla "de combate" (así le digo a la que llevo a todas partes y donde marco las películas que quiero ver), irremediablemente se rompe. Aunque este año fue a una velocidad increíble. No llegó con tapas al tercer día.
Caminando por la calle me encontré con un chico que era igual a Buster Keaton. Y el sábado me había encontrado con uno igual a Tangalanga, que se le puso a discutir a José Martínez Suárez el horario de comienzo de las películas, seguramente sin saber con quién hablaba.
No sé si es por salir más (dejando de lado el de la casa al trabajo y del trabajo a casa), o realmente es "la magia del cine", pero en estos días la ciudad se llena de gente, situaciones y paisajes que me hacen acordar a películas.

La noche empezó con una película bien, bien justicialista: Puerta de Hierro, el exilio de Perón (Argentina - 2012). Co-dirigida y protagonizada por Victor Laplace, quien estuvo presente al comienzo y se quedó al final de la película, charlando con los espectadores.
La película narra, mezclando ficción y realidad, los días del exilio de Perón. El encuentro con Isabel, el acercamiento de López Rega y su posterior ascenso en influencia, el intento de regreso de 1965, la relación con Vandor, con la JP, la izquierda, la derecha, la restitución del cuerpo de Evita...
Un Perón mucho más humano que el que estamos acostumbrados a ver en la pantalla grande, lejos de la imagen de ese ser que maneja las piezas de ajedrez desde Madrid y más cercano a la de un hombre que observa expectante (y a veces impotente) lo que ocurre en su país, del que se vio expulsado.
La representación de Laplace evidentemente dio un salto de calidad desde la película de Juan Carlos Desanzo, aunque también los requerimientos en las dos películas son distintos.
Algo de lo que no escapa la película es del vicio de explicar en demasía las situaciones, explicitar demasiado los guiños o referencias que hacen cómplice al entendido y despiertan la curiosidad del que no atinó a comprender. El nombrar personas por su nombre completo, profesión, edad y filiación política definitivamente no es algo que haga llevadera la trama.
Más allá de eso, y quizás de una versión idealista en exceso por momentos de Perón, la película logra su propósito, que es el de correr un poco el velo de misterio que existe en torno a esta etapa de la vida del General y de la historia de nuestro país.

No me pude quedar a la charla, por que tenía que pasar a buscar a Cintia por la casa para ir a ver otra película. Al final, pobre santa, me vino a buscar ella a la salida del cine porque la película se retrasó como 20 minutos por lo cual tuvimos que ir un poco apurados a la otra sala. Digo un poco y no muy porque supuestamente nos estaban guardando lugares en la sala, pero no, no pasó. Pero no importa, igual llegamos bien con el horario.

Lo que nos aguardaba adentro de la sala era nada más y nada menos que una charla introductoria a cargo Fabio Manes y de Fernando Martín Peña. De una manera excelente, presentaron El hombre anfibio (URSS - 1962). Ambientado en una Buenos Aires de fantasía -acaso los soviéticos imaginaran Argentina como una mezcla entre México, Perú e Irak- la película narra la historia de Ictiandro -literalmente "hombre-pez"- y su romance con la joven Gutierre. No, no es un error. Es Gutierre. Sin z.
Como no podía ser de otro modo, la película hace referencia a una utopía no capitalista: bajo el mar somos todos iguales, no hay ricos ni pobres.
Historia de amor de por medio, Ictiandro busca vivir como un ser humano normal, mezclarse con la sociedad. Pero la educación que recibió de su padre -quien ansía fundar una República Acuática, donde reine la igualdad- no lo preparó para eso. Desconoce el dinero, por ejemplo, así como también las costumbres de la superficie.
Vestido la mayoría del tiempo con un traje acuático con escamas, patas de rana y guantes palmeados, sale a explorar el océano, siendo visto por los "porteños", que no dudan en llamarlo demonio acuático.
Como dato de color, les cuento que en la película una de las principales actividades económicas que se desarrollan en la capital de nuestro país es la recolección de perlas en la costa, y que todas las escenas submarinas fueron filmadas en un tanque.
Joya del cine ruso, El hombre anfibio es una película que no hay que dejar de ver.

1 comentario:

Melodie Rodríguez dijo...

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Un gran abrazo desde Málaga y gracias por compartir un trocito de ti.