noviembre 06, 2012

No sé donde estoy.


No sé dónde estoy. La realidad acaso sea el más extraño de los lugares para esconderse.  Tu cara se confunde con las líneas que el polvo dibuja en el piso.  No sos lo que sos más que cuando sos en un espejo roto.
Las cortinas pesan pero el viento es fuerte. Tenés frío y mirás a un punto fijo mientras me hablás. No sé muy bien lo que decís, porque no te estoy escuchando realmente, porque no puedo dejar de pensar que soy ya un chico grande, que tengo mis responsabilidades,  que tengo un horario que cumplir –casi- todos los días, porque no puedo dejar de pensar que muchas veces tengo ganas de mandar todo a la mierda, aunque sé que eso no sería la solución.
La ironía es que dejé cosas “importantes” para hacer lo que me gusta, lo que más amo hacer, y no lo estoy haciendo. No. No estoy leyendo, no estoy escribiendo. Estoy tapándome de trabajo –el otro día trabajé diecinueve horas, te conté, no?- , estoy llenándome de a poco de mucha bronca. Y no sé si es bronca porque en el trabajo A tengo que estafar, porque en el trabajo B me explotan, porque en ambos no soy más que un número, porque veo que la gente a mi alrededor (para bien o para mal) tiene la vida más o menos resuelta, porque no sé donde carajo estoy parado y dejé (sí, dejé) la carrera en el tercer año o porque la bronca, el odio, es conmigo mismo.
Estoy triste casi todo el tiempo. Me estoy haciendo triste. No como antes, antes podía estar triste, pero no como ahora. Me siento grande, no sé si viejo. Pero sí un poco cansado.
Quiero ser chico. Quiero tener un capricho y cumplirlo. O que me lo cumplan. No quiero responsabilidades. No quiero más un “por vos salgo adelante”. Es mucho. Es demasiado. Es algo muy pesado como para que lo lleve encima. Salí adelante vos misma. No es de hijo de puta, pero necesitás hacerlo sola. Mirá si un día no estoy, mirá si un día me voy y no estoy para ayudarte a salir adelante. ¿Qué vas a hacer? ¿Te vas a dejar caer? ¿Te vas a abandonar? ¿Te vas a…? No me mientas. Sé que lo pensaste. Todos lo pensamos alguna vez acá. No sé hasta dónde habrás llegado vos. Yo sé que llegué más lejos de lo que jamás hubiera querido.
Hoy te abracé y me sentí grande. Pero de la mejor manera. Una persona que se hace cargo. Que se anima a hacerle frente a sus miedos. Hacía bastante que no te abrazaba así. Me hizo bien, igual que a vos. Estoy mucho mejor. Además, estoy escribiendo. “Se escribe cuando hay una necesidad, cuando hay algo que tiene que ser escrito” me dijo un amigo.
Sí, puede que sea cierto que últimamente haya estado malo con vos. Pero eso es porque me duele que estés así. No sos vos. Y ya no sé cómo hacerte reaccionar. Estás en un sopor horrible. Hoy despertaste, por lo menos por un rato. Y me abrazaste cuando te abracé.

No hay comentarios: