diciembre 12, 2012

No somos señores con sombreros.

Por más que lo intentara, no podía dibujar otra cosa que tus ojos tristes, no podía pensar más que en tus lágrimas. Nunca supe dibujar, aunque a veces digo que me salen bien los árboles secos.
Últimamente, no sé por qué, suelo estar contento. La alegría, me imagino, es algo que sucede.
Las manzanas que no como -los pecados que no cometo- son como fantasmas que se esfuman cuando termina la noche.
Todo sonido es un misterio, toda voz una desengaño.
Un hombre con sombrero se sienta en un banco de plaza a alimentar a las palmoas. No los sabe pero es tan innecesario como todos y cada uno de nosotros. En definitiva y a fin de cuentas, ¿qué cambia si ese hombre con sombrero en vez de darles de comer, decide matar a las palomas... o a alguien? Nada.
Acaban de matar a una mujer en una película ¿Qué cambia eso en el curso del mundo? Nada. Absolutamente nada.
Y ahí es donde estamos equivocados, absolutamente equivocados. Porque si hasta el movimiento de una mariposa en nuestro jardín provoca un terremoto en China, ¿qué efecto tiene que desaparezca una mirada, una voz, una caricia?

2 comentarios:

Carolina Bugnone / Marta Pardo dijo...

me encanta cómo escribís, lisandro.

Daniel Germano dijo...

Maravilloso Lisandro!
Tenes talento! Cuanta sensibilidad...
Sigues escribiendo!
Me encanta =)
Besos