noviembre 22, 2014

29 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata - Vísperas

No sé muy bien por qué siempre intento hacer estas crónicas. Puedo ser caradura y escudarme en la extensa y conocida relación entre escritores y periodismo, cometiendo el doble pecado de referirme a mí mismo como escritor y de considerar estas líneas capaces de bancarse el nombre de periodismo. Simplemente  podría decir que bueno, pintó. De todos modos, acá voy.


En horas apenas empieza la vigesimonovena edición del Festival de Cine de Mar del Plata. Es una edición especial, dicen los que saben, porque se cumplen 60 años desde el comienzo, desde el primero de los Festivales allá en 1954. Esa edición se organizó por iniciativa de Apold, el nefasto subsecretario de Informaciones y Prensa de gobierno peronista, al que se le atribuyen actos distintos actos de censura como por ejemplo la clausura de diarios y la persecución de personajes públicos opositores.
Podría extenderme sobre datos y estadísticas y películas y personalidades que estuvieron en el Festival pero la verdad es que no tengo ni tiempo ni ganas ni el conocimiento para hacerlo. Es una historia ya conocida por todos y no es este el espacio para reproducirla.

Prefiero, antes de empezar a hacer la crónica o intentar hacerla -sabemos que no suelo durar mucho tiempo en esto y que generalmente después de dos o tres días lo dejo por falta de tiempo o ganas- , prefiero, decía, señalar otro detalle, uno que noté este año si bien lo tenía incorporado a nivel subconsciente.
El detalle, no menor, es la falta de participación marplatense en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. En una nota de la revista Ajo vi condensada esa sensación que venía elaborando hace tiempo, esas cosas que me parecían que no estaban del todo bien.
La presentación del Festival, por sólo mencionar uno de los puntos que se tratan en esa nota -y el que siempre me llamó más la atención- es en Capital Federal. Es más que notoria la voluntad centralizadora de Buenos Aires. Y no estoy sugiriendo que los directivos y organizadores del Festival se reúnan en un castillo mientras escuchan la Tocata y Fuga de Bach a regodearse por hacer esto. Lo que imagino que sucede -y es peor, mucho peor- es que sea visto como la decisión natural. Es algo aceptado alegremente por todos. Bueno, no todos. Como prueban los periodistas de Ajo, hay gente que no está de acuerdo con esta situación o por lo menos se pregunta si está bien.


Que no se malinterprete mi mensaje. El Festival es sino mi favorito uno de mis momentos favoritos del año. Me encanta ir. Ya van siete ediciones a las que voy (tres con esta en las que me acredito) y me acuerdo de haber ido una vez con mi mamá, siendo muy chico, a ver Mar Adentro, película con Daniel Hendler, por el costo de -atenti- ¡dos pesos!
Pero me queda este año que mi participación -ya no como Lisandro Parodi sino como marplatense-, se limita a ser espectador del Festival a menos que logre ingresar a esa secta selecta (el juego cacofónico es a propósito) que conforman los voluntarios. No voy a poder decidir qué impronta tiene el Festival, qué películas se pasan, quiénes son los jurados, a quiénes se podría invitar, etc., etc.

En fin. Espero disfrutar mucho de este Festival,  de sus películas y actividades especiales. Por lo que pude ver en la grilla de programación, creo que es algo más que probable.
A ver qué pasa.

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